Cómo calmar el bucle
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Rumiar es repasar los mismos pensamientos una y otra vez, como si esta vez fueras a encontrar la respuesta. Parece productivo. Normalmente solo te deja cansado y triste.
No puedes echar los pensamientos a la fuerza, pero sí cambiar lo que hace tu atención. Ponle una hora al bucle. Diez minutos por la tarde para pensar y escribir y, fuera de ese rato, apuntas el pensamiento y dices «luego».
Usa las manos y los sentidos: cocina, friega los platos, cuida plantas, dibuja. Las tareas que ocupan las manos le ponen difícil al bucle dar vueltas. Hablar con alguien también ayuda, sobre todo si esa persona pregunta y no se limita a darte la razón.
Si los mismos pensamientos te impiden dormir o trabajar durante semanas, un profesional de la psicología puede darte herramientas hechas para esto.